La mañana del gato

Son las nueve de la mañana y no puedo concentrarme en el desayuno porque el gato camina extraño. Sus ojos me miran como si anhelaran algo, pero su cola se mueve de forma indecisa y hasta con hastío, mientras se echa sobre el almohadón del sofá, maullando. He dejado los platos a un lado porque me parece curioso, él nunca es tan elocuente. De repente parece que sus patas buscaran algo en el aire, maúlla y maúlla tratando de nombrar eso que se le escapa y yo soy incapaz de entenderlo. Me he sentado a su lado y se me eriza la piel recordando haber soñado con esto. Todo dice que en cualquier momento se moverá a mi regazo, olvidándolo todo y yo estaré pensando en cuantas cosas dejé pasar, también en este frio en donde mi desayuno ha quedado esperándome y yo, sin saber por dónde volver a empezar el día, recordaré que hay temerle a los sueños porque a veces se cumplen y uno solo quería dormir.

La mañana del gato

La casa de tiza

Un niño traza una casa con tizas en el suelo.
Nota que no puede abrir la puerta y se ha quedado afuera.
Borra la puerta e intenta introducir su mano,
pero la superficie solo lo detiene.
Al llevarse parte del dibujo
observa lo frágil de su idea.
No ha sido el tiempo quien acabó con la imaginación
sino el mismo al tocar el suelo.

La casa de tiza

Los marineros

Los marineros han huido del mar
porque este les recordaba la tristeza.
En cada viaje les era devuelto algo
que querían olvidar
y ellos no pudieron soportarlo.
Ahora navegan sobre las nubes
y duermen en la niebla,
aunque extrañen el mar.
Se dice que nunca volvieron a estar tristes
o al menos eso es lo que dicen
mientras observan la lluvia
caer desde su bote.

Los marineros

La caminata del hombre ausente

Las nubes cubrieron los ojos del hombre ausente.
A pesar de que él sabe
que su vista no está allí,
lo persigue la ceguera
y la distorsión.
Ahora tiene que evitar los cruces innecesarios
y mantenerse inmóvil lo más posible.
El tiempo le ha quitado el rostro
por lo que cada vez que vuelve
está obligado a empezar,
habiéndolo perdido todo
menos el recuerdo de su nombre
y el camino al consultorio
donde abandonó el reloj.

La caminata del hombre ausente